Las personas con problemas de aprendizaje, desarrollo, comportamiento o de participación en sus actividades de la vida diaria posiblemente tienen problemas de integración sensorial que contribuyen a sus dificultades. A continuación, indicamos algunos signos que podrían alertar sobre la presencia de un problema de integración sensorial:

– Hiperreactividad al tacto, al movimiento, a los estímulos visuales o sonidos. Esta hipersensibilidad puede manifestarse en comportamientos tales como irritabilidad o retirada ante dichos estímulos. Por ejemplo, la persona con hiperreactividad puede retirarse cuando se le toca, evitar ciertas texturas de ropas o de comidas, distraerse con facilidad o mostrar reacciones de miedo en actividades típicas que no suelen ser problemáticas para los demás.

– Hiporreactividad a los estímulos sensoriales. En contraste con los niños hipersensibles, un niño hipo-reactivo puede buscar experiencias sensoriales inusualmente intensas, como por ejemplo dar vueltas sobre sí mismo o chocar adrede con los objetos. Algunos niños fluctúan entre los dos extremos de reactividad.

– Nivel de actividad inusualmente alto o bajo. El niño puede estar en movimiento constantemente o, puede ser lento en activarse y fatigarse fácilmente. De nuevo, algunos niños pueden fluctuar de un extremo a otro.

– Problemas de coordinación. Los problemas de coordinación se pueden ver en actividades motoras gruesas o finas. Algunos niños pueden tener un equilibrio pobre, mientras que otros tienen gran dificultad en aprender a realizar nuevas tareas que requieren coordinación motora.

– Retraso en el habla, lenguaje, habilidades motoras o rendimientos académicos. Estos signos pueden ser evidentes, ya en preescolar como signos de una integración sensorial deficitaria. En la edad escolar, puede haber problemas en algunas áreas académicas a pesar de una inteligencia normal.

– Pobre organización del comportamiento. Los niños pueden ser impulsivos o de fácil distracción y mostrar falta de planeamiento al abordar las tareas. Algunos niños tienen dificultad al ajustarse a una nueva situación. Otros pueden reaccionar con frustración, agresión o huir o rechazar cuando se dan cuenta de que fracasan.

– Pobre autoestima. A veces, un niño que experimenta los problemas que acabamos de mencionar, no se siente bastante bien. Un niño listo con estos problemas puede saber que algunas tareas son más difíciles para él que para otros niños, pero puede no saber por qué esto es así. Este niño puede parecer perezoso, aburrido o desmotivado. Algunos niños pronto encuentran maneras de evitar esas tareas que son duras o embarazosas. Cuando esto ocurre se suele considerar al niño como problemático o testarudo. Cuando un problema es difícil o incomprensible, padres e hijos pueden sentirse, ambos, culpables. La tensión familiar, el pobre concepto de sí mismo, y en general el sentimiento de desesperanza prevalece.

Normalmente, un niño con desorden en integración sensorial presentará más de uno de estos signos.

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Un artículo ayuda a entender por qué los niños con TEA reaccionan de manera exagerada ciertas sensaciones auditivas.

Green, S. A., Hernandez, L., Tottenham, N., Krasileva, K., Bookheimer, S. Y., & Dapretto, M. (2015). Neurobiology of Sensory Overresponsivity in Youth With Autism Spectrum Disorders. JAMA psychiatry, 72(8), 778-786.

Pregunta que se plantea el estudio:
La hiperrespuesta sensorial observada en las personas con autismo responde a:
- Una respuesta sensorial exagerada?
- O refleja dificultades para regular reacciones emocionales?
Metodología
- Resonancia Magnética Funcional – grupo TEA y grupo control
- Estímulos táctiles y auditivos ligeramente aversivos

Resultados
• La resonancia magnética muestra mayor activación en la corteza sensorial y en la amígdala, indicando tanto una hiperrespuesta sensorio-límbica, sobre todo cuando los estímulos se presentan de manera multimodal
• Las conclusiones del estudio reflejan que las personas con autismo tienen Déficits en la habituación

En síntesis, el estudio nos permite entender que las respuestas de ataque o huida que observamos en los niños con TEA cuando se encuentran frente a estímulos que pueden ser considerados apenas ligeramente aversivos para el resto de la población, no obedecen a dificultades puramente conductuales, sino que son una respuesta biológica de sus sistemas nerviosos a estímulos que no pueden modular.
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